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Serie: Sinfonía en Canales

En Sinfonía en Canales exploro a Venecia no como un lugar físico, sino como un estado de ánimo. La ciudad —habitualmente descrita como eterna, luminosa, turística— aparece aquí transformada por el movimiento, desdibujada en trazos verticales  y horizontales que se comportan como acordes visuales. Cada imagen es una partitura en la que el agua, la luz y la arquitectura se funden en una melodía líquida.

Las góndolas y barcas, nítidas frente a un entorno en fuga, funcionan como notas que flotan sobre un pentagrama cambiante. El efecto de la obra no solo estira el espacio: revela otra cadencia del tiempo, una dimensión donde Venecia parece oscilar entre el sueño y la memoria. Las fachadas se disuelven en veladuras que evocan cortinas, brumas o ecos; el paisaje deja de ser decorado para convertirse en música en movimiento.

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